El mes sagrado de Ramadán reviste una importancia particular en Tánger, conocida por su profundo apego a las tradiciones, su ferviente espiritualidad y un ambiente impregnado de recogimiento, solidaridad y convivencia.
Varios dÃas antes de la entrada del mes sagrado, los hogares se pusieron en ambiente y se prepararon para recibir el primer dÃa del ayuno en la pura tradición.
En lugar de dejarlo para el último minuto, las amas de casa comenzaron temprano los preparativos para este mes, empezando por la compra de los ingredientes para preparar los dulces del Ramadán, entre ellos la famosa chebakia, el "sellou", las golosinas o incluso la sopa "harira".
En las callejuelas de la medina, los aromas de los platos y dulces se desprenden de las casas donde las mujeres se activan para preparar las recetas tradicionales, algunas de las cuales son particularmente laboriosas y requieren una preparación en varias etapas.
La mÃtica plaza "Souk Barra", donde los tangerinos tenÃan la costumbre de hacer sus compras a los comerciantes, cuyos puestos están dominados por los colores de las especias de fuertes aromas y frutos secos, mucho antes de la aparición de las grandes superficies, que conocen también una afluencia importante y un ambiente cálido y mágico.
En el aspecto espiritual, los diez últimos dÃas del mes de Sha'ban conocen una fuerte afluencia en las mezquitas, donde se activan las ceremonias de lectura colectiva del Sagrado Corán. Los fieles y adeptos de las diferentes zaouias hacen honor a este periodo con los rituales del dikr y de panegÃricos.
En una declaración a la MAP, el presidente de la Asociación Al Boughaz y autor de varias obras sobre Tánger, Rachid Taferssiti, subrayó que el mes sagrado de Ramadán siempre ha sido sinónimo de espiritualidad, solidaridad, ayuda mutua y convivencia para los tangerinos, que reservan una acogida de lo más cálida a la aparición de la luna creciente del Ramadán, con gritos de alegrÃa (youyous), una melodÃa especial dada por flautistas que recorren las arterias de los barrios y el disparo de cañonazos como señal que marca la llegada del mes sagrado.
En los antiguos barrios de la ciudad del Estrecho, tales como Marshan, Kasbah o Dar Baroud, las puertas de las casas permanecen abiertas, ya que las visitas entre vecinos son ininterrumpidas, dijo, señalando que el Ramadán es también una ocasión para transmitir los valores de compartir, solidaridad y reunión familiar en un ambiente impregnado de espiritualidad y convivencia.
El Ramadán es una ocasión para que los tangerinos visiten a sus allegados y se reúnan con amigos, pero también una oportunidad para compartir e intercambiar platos sabrosos, que las familias tienen el placer de dar a probar a los demás.
"Tánger es conocida también por la coexistencia entre las religiones. Recuerdo a mi madre, que preparaba pequeñas cestas de dulces para dar a nuestros vecinos judÃos y cristianos", dijo con los ojos brillantes.
Es alrededor de una mesa guarnecida de manjares deliciosos donde los miembros de la familia se reúnen para romper el ayuno. Los platos no difieren apenas de lo que es costumbre en la mayorÃa de las ciudades marroquÃes: la ineludible harira, las golosinas y los rellenos ricamente cubiertos de miel, los zumos variados y los frutos secos, continuó.
El Ramadán en Tánger es también una fuerte afluencia de los fieles hacia las mezquitas, especialmente para la oración de "El Ichaa" y los "Tarawih". Algunos padres insisten en acompañar a sus hijos vestidos con la ropa tradicional.
Por otra parte, el mes de Ramadán coincide este año con el periodo estival, lo que da lugar a largos dÃas para llenar con todo tipo de actividades: el baño para unos, la pesca o la lectura para otros.
AsÃ, los transeúntes son escasos durante el dÃa y se prefiere salir de noche para apreciar la frescura y la dulzura que impregnan la atmósfera de Tánger o incluso visitar las tiendas, ya con la perspectiva del Aid Al Fitr y ropa nueva para los niños.
Noticias 20 Jun 2015 4 min de lectura
Ramadán en Tánger, un profundo apego a las tradiciones

