Desde el inicio del curso escolar, los alumnos de la escuela primaria, Iguerar, dependiente del grupo escolar Zerktouni, en la región de Tiznit, siguen de vacaciones. Cada mañana, una veintena de niños de 1º a 3º año de este establecimiento, se aglutinan, en un frío glacial, ante la pequeña puerta de este edificio, acechando a la maestra que no llega, antes de dar media vuelta.
En efecto, desde su asignación en esta escuela, situada en el territorio de la comuna de Tioughza, la maestra se ha hecho notar por frecuentes ausencias, puntuadas de presencias esporádicas antes de desaparecer de nuevo. Como nos confirma un responsable de la Asociación Iguerar para el desarrollo, que sigue de cerca la escolaridad de los niños del pueblo. Esta situación anormal se explica por el hecho de que la maestra abusa de certificados médicos que atestiguan su estado enfermizo, para justificar su ausencia casi permanente de la clase. Para un responsable contactado por Libé, en el seno de la delegación en Tiznit, su administración está bien al tanto de esta «situación estrafalaria».
Por contra, nos confirma la regularidad de los trámites emprendidos por la maestra, de modo que «la mayoría de las contra-visitas efectuadas atestiguan la veracidad de la enfermedad avanzada». Por contra, añade, los servicios competentes van en el momento oportuno a someter este caso al consejo de disciplina de la administración para examen y toma de medidas justificadas. Sin embargo, para los padres de alumnos, este «matorral de explicaciones» no justifica en ningún caso la suerte infligida a su prole que ya no duda del espectro de un año en blanco. Señalan con el dedo a la delegación provincial y le imputan la responsabilidad de no haber asegurado la asignación de un maestro, para hacer un reemplazo. Una «negligencia» de la que sufre por rebote la escolaridad de los alumnos. Sobre todo porque nuestros hijos, se quejan, no saben ni siquiera escribir sus nombres ni en árabe, mucho menos en francés, hacer cálculos, manipular un ordenador..., como sus compañeros de las otras clases que, ellos, siguen su escolaridad normalmente. Para hacer valer su derecho a la escolarización de sus hijos, los padres apoyados por la oficina de la asociación de su douar, han enviado correspondencias al gobernador y delegado de la enseñanza de la provincia así como al director de la Academia de la enseñanza en Agadir, suplicándoles asignar un maestro en su escuela. ¡Pero la queja ha quedado sin eco! Por ello, los alumnos y sus padres han organizado una sentada ante el establecimiento, durante la presencia del director de la escuela y la maestra, para protestar contra esta situación desconcertante.
¡Los responsables interpelados no se han dignado mover un dedo!. Del lado de la administración incriminada, contactada por nosotros, la réplica es perentoria. ¡Se nos hace saber que no dispone de recursos humanos suficientes para cubrir este puesto vacante!. La delegación sugiere sin embargo una solución: transferir a estos alumnos a otra escuela, distante del pueblo algunos kilómetros. A lo que los padres, que temen por sus hijos, responden por la negativa. «El trayecto entre el pueblo y la escuela propuesta acaba de ser asfaltado; conoce actualmente un gran tráfico, lo que constituye un peligro para nuestros pequeños que no podríamos enviar solos», explica un habitante. No obstante, a algunos meses del fin del año escolar, los alumnos se aferran todavía a su derecho de ir a clase en su douar mientras haya una escuela allí. Aunque ya no creen en un posible recuperación de los cursos: «¡Está ya perdido!».
Entre tanto, ante esta situación, sus padres dicen perder su latín. ¡No comprenden esta paradoja que hace que la política mostrada en materia de enseñanza haga «brillar el derecho de todos a la escolarización» y los límites de maniobra de su administración-enlace en el lugar, sean dos!. En efecto, hay que saber que la mala gestión de los recursos humanos en estas regiones recónditas tiene también algo que ver. Según un responsable sindical que prefiere guardar el anonimato, el pretexto de la no disponibilidad de efectivos suficientes no es más que un subterfugio. ¡Numerosas maestras, añade, debiendo ser asignadas en diferentes regiones rurales han sido «curiosamente» llamadas a unirse a puestos cómodos en las administraciones en las ciudades, y esto, con la bendición cómplice de los otros «socios», supuestos velar por la aplicación del reglamento en vigor!. Volvamos al «caso particular» de la maestra en cuestión para decir que es bien conocido por los responsables durante su asignación en el distrito de la delegación de Tiznit en el 99, puesto que, desde entonces, suministra certificados médicos para no regresar a la clase.
¿Por qué entonces debemos esperar cinco meses, con todo lo que esto puede inducir como retraso comprometiendo la escolaridad de los alumnos de Iguerar para finalmente prever (¿para cuándo?) su paso al consejo de disciplina? ¿Nos preguntamos entonces para qué sirve el mapa escolar elaborado cada año, si no es para sacar provecho de su valor previsional tomando las disposiciones necesarias para asegurar una escolaridad normal a los alumnos en cuestión y a todos aquellos que deberían sufrir casos similares?
Noticias 21 Jan 2009 5 min de lectura
En la escuela Iguerar de Tiyoughza

