Primera capital de la dinastÃa de los saadÃes (1554-1660), primera ciudad de Marruecos en dotarse de una imprenta, en 1865, Taroudant ha guardado de su pasado el arte de trabajar la piel según las recetas más antiguas. El presidente de la asociación Charaf de dar edbagh, Jilali Guouar, afirma que la tenerÃa de Taroudant emplea entre 60 y 70 personas, incluidos los propietarios de las 40 tiendas de marroquinerÃa. La actual tenerÃa, construida hace 20 años, ha sustituido a la antigua, que se habÃa vuelto demasiado vetusta. Está gestionada por el ayuntamiento. En la tenerÃa de Taroudant, a la que se accede por Bab Targhount, una de las siete puertas que atraviesan la muralla de ocho kilómetros de largo, «no hay ninguna máquina, todo se hace a la fuerza de los brazos», dice Aït Benjeloune Abdelsalem, de 59 años, de los cuales 40 pasados a curtir las pieles. Teniendo actualmente una tienda de marroquinerÃa en el recinto mismo de la tenerÃa, el hombre explica: «Compramos las pieles entre 10 y 20 DH la pieza. En primer lugar, la lavamos con jabón, luego la remojamos en sal gorda durante dos dÃas y después la aclaramos con agua». Tras esta etapa, se tritura piedra de alumbre en un gran mortero con la ayuda de un palo grueso (parecerÃa que el sonido producido durante el triturado está en el origen de la famosa deqqa marrakchia). La harina asà obtenida se extiende sobre la piel, que se pone a secar al sol durante dos dÃas o más hasta el secado completo. En este estadio del curtido, hay dos maneras de proceder. Si un particular ha confiado una piel de oveja al curtidor para que haga una alfombra de oración, la lana se peina cuidadosamente y se prepara durante dos meses, luego la piel se extiende al sol. El propietario de la piel pagará entre 50 y 70 DH para recuperarla. Si la piel está destinada a la producción de cuero curtido, la lana se cepilla, luego se afeita y se vende para hacer hilo o servirá para el relleno de cojines o pufs. La piel, una vez despojada de la lana marina en un estanque de agua durante dos dÃas, luego en un estanque de cal que sirve para quitar lo que queda de lana, se sumerge en un estanque de excrementos de palomas para despojarla de los residuos de cal. La piel será posteriormente sumergida en salvado durante dos dÃas, luego en un estanque de corteza de mimosa durante seis dÃas. Finalmente, el despelado se efectúa con la ayuda de una cuchilla curvada que sirve para despojar a la piel de los tejidos subcutáneos. Antes de ser vendida a los artesanos del cuero, la piel se pone a secar al sol, pero regularmente humedecida para que guarde su plasticidad. El precio de una piel varÃa entre 100 y 120 DH. Esta servirá para la fabricación de babuchas, bolsos, cinturones, etc. Productos que no se benefician de una promoción a la altura de este saber hacer, dicen Jilali Guouar y Aït Benjeloune Abdelsalem. Pero Taroudant acogió, del 15 al 18 de noviembre, el primer salón para la promoción de los interiores. Quizás la solución vendrá de ahÃ.
Rehabilitación de las tenerÃas
Jilali Guouar, presidente de la asociación de curtidores de Taroudant, atestigua que los trabajos son indispensables, como el adoquinado del suelo, la aducción de las aguas residuales, la construcción de cubiertas... Desea también que se abra un mercado de pieles, porque, dice, los curtidores se abastecen en Marrakech o en Meknès, lo que aumenta los gastos.

