«Una septuagenaria se quemó el cuerpo para protestar contra la injusticia. Las autoridades se niegan a tratarnos en pie de igualdad que a los hombres. Quieren apropiarse de nuestras tierras sin indemnizarnos y nos ordenan abandonar lo antes posible nuestras viviendas. No podemos seguir calladas ante tal injusticia», exclama Assmae Harich, secretaria general de la asociación «Foro Oudayas de las mujeres», una ONG nacida de la voluntad de las mujeres de defender sus derechos.
En efecto, decidida a hacer oír la voz de estas mujeres, esta joven militante no se detiene ante nada. Multiplica las salidas mediáticas y las grabaciones de vídeo que proyecta en «YouTube» para dar a conocer la causa de estas mujeres. «Necesitamos creer que este Marruecos ha cambiado. La nueva Constitución ha concedido a la mujer el lugar que merece dentro de la sociedad. Pero su contenido aún no ha sido adoptado por los gestores de la cosa pública. Las autoridades aún no han cambiado su mentalidad.
Todavía existe una gran disparidad entre los hombres y las mujeres», indica Assmae Harich. Esta disparidad es justamente denunciada por estas mujeres, que piden un trato equitativo y justo de sus expedientes y un reembolso igual al de sus homólogos hombres. Para alcanzar este objetivo, las Soulaliyate piden especialmente la puesta en marcha de la agenda del Ministerio del Interior del 25 de octubre de 2010. «Estamos decididas a continuar nuestro combate hasta la obtención de nuestros derechos. De hecho, hacemos un llamamiento a los componentes de la sociedad civil para que se movilicen para apoyar nuestra causa», añade una de las Soulaliyate. Hemos intentado en varias ocasiones contactar con los responsables de la wilaya para que nos explicaran estos expedientes, pero se nos comunicó que el wali era el único habilitado para expresarse sobre este asunto. Ha permanecido inalcanzable.
Recordemos que la historia de estas tierras «étnicas» se remonta al dahir del 27 de abril de 1919, decretado para regir las tierras colectivas (aradi al joumou). Este dahir había hecho que estos terrenos fueran inalienables, inembargables e imprescriptibles gracias a una protección jurídica efectiva mediante un estatuto fundiario. Paralelamente, se hizo un intento de «tradicionalización» de estas colectividades a través de un «Reglamento de reparto» que fijaba uniforme e igualitariamente las reglas de acceso a la tierra. El enfoque de esta creación institucional se basó en un sistema de análisis que confunde normas y hábitos. Las prácticas de los campesinos del bled jmaâ eran en realidad muy diversas y se caracterizaban por la coexistencia de varios registros de legitimidad.
El objetivo de este procedimiento era retener al campesinado en el campo para limitar el éxodo rural y los peligros de la urbanización. Así, decenas de millones de campesinos marroquíes han podido vivir desde hace mucho tiempo de sus tierras colectivas, ciertamente, en condiciones meteorológicas e infraestructurales por debajo del mínimo vital, pero han podido asegurar de todos modos su independencia gracias a estas tierras que fueron dotadas de un estatuto específico. Las mujeres, por su parte, fueron excluidas desde el principio de este proceso. Ciertamente, realizaban la mayoría del trabajo, puesto que cultivaban las tierras con los hombres paralelamente a las otras tareas que debían asegurar, especialmente la educación de los niños y las cargas del hogar, pero la tradición hacía que fueran los hombres quienes cosecharan el fruto de su trabajo. En efecto, ya fueran mujeres étnicas o no, nunca han tenido el derecho de explotar estas tierras hasta hoy, y esto a pesar de los avances que conoce el Reino en materia de derechos humanos.
Las tierras colectivas o también Bled Jmaa están bien en vías de desaparición. En efecto, una tendencia clara ha aparecido en Marruecos a principios de los años 1990 a favor de la privatización de estas tierras, debido al agotamiento del suelo útil en las ciudades.
Colocados bajo la autoridad del Ministerio del Interior, estos terrenos fueron cedidos a varios inversores marroquíes, especialmente el grupo inmobiliario Addoha y Al Omrane. En cuanto a los campesinos, estos recibieron indemnizaciones en forma de lotes de terreno y sumas de dinero. Pero las mujeres fueron excluidas de nuevo de esta operación. Pero las Soulaliyate no cuentan con bajar los brazos. Procedentes de diferentes tribus, especialmente EL Haddada, Oualed Oujih, Ouled Hnicha, Ouled Sbita, Ouled Moussa, Sakinia, Kasbah de Mehdia e Ifrane, cuentan con llevar su combate hasta el final.

