Paseos interminables, a menudo en grupos enteros, largas horas pasadas descansando en los alrededores de la playa y en las terrazas de la multitud de cafés alineados unos al lado de otros; tal es el dÃa a dÃa de los habitantes de Assilah y de los numerosos visitantes de esta pequeña ciudad donde se vive bien, a pesar de la escasez de distracciones y lugares de cultura.
Un modo de vida donde la sencillez, la afabilidad y, sobre todo, una indefinible simpatÃa se leen en los rostros. Más sorprendente aún es el hecho de que esta ausencia de animación y esta indigencia en cuanto a lugares de ocio y cultura (una sola sala de cine que proyecta exclusivamente pelÃculas indias, una casa de la juventud, ni rastro de teatro) no parecen afectar la moral de la gente. Como si el aburrimiento no tuviera presa sobre ellos.
Visiblemente, la gente de aquà ha sabido adaptarse con el tiempo a esta especificidad local que, bajo otros cielos, serÃa insoportable.
Igual de sorprendente es el hecho de que esta facilidad de vivir, esta alegrÃa, sea compartida por todo el mundo, pequeños y grandes, viejos y jóvenes; pues si las personas mayores tienen, por la fuerza de las cosas, la costumbre y la capacidad de gestionar el tiempo que fluye alegremente sin ser presa del aburrimiento, los jóvenes parecen también bien armados contra la ociosidad. No dan ninguna señal de desesperación, y mucho menos de cansancio.
Al contrario, parecen acomodarse a esta situación. Su pasatiempo favorito son los baños, los paseos, asà como las impresionantes reuniones en los jardines y plazas públicas, que llaman la atención por su limpieza, la belleza de su vegetación y su arquitectura. Jardines muy hermosos que llevan los nombres de ilustres poetas, escritores y pensadores como Mahmoud Darwich, Taïb Saleh, Abdessalam Bekkali o Mohamed Abed Jabiri.
Otro hecho destacable es la casi ausencia de mendicidad. En efecto, pocas personas pobres piden limosna aquà y, mejor aún, no son como en otros lugares de las grandes ciudades, demasiado insistentes y agresivos para pedir caridad, contentándose con una mano levantada al cielo sin casi ninguna súplica ni despliegue excesivo de su miseria.
En Assilah se camina mucho, paseos sin parar hasta altas horas de la noche, a lo largo del paseo marÃtimo y en la principal arteria de la ciudad, el Bulevar Hassan II. Por lo tanto, la necesidad de llamar a un taxi es excepcional. Hay que esperar mucho para ver uno, ya que son pocos, no más de 21 pequeños taxis que dan servicio a esta ciudad de 30.000 almas, sin contar los miles de veraneantes. En cambio, la gente aprecia aquà un medio de transporte más bien insólito: el carro tirado por un caballo.
Todos los veraneantes, asà como los festivaleros invitados a su Moussem cultural, se lo dirán: Assilah es una ciudad que seduce de entrada por esta dulzura palpable en todas partes. Todos se sorprenden por la amabilidad y la gran modestia de sus habitantes, que reservan al visitante una benevolencia espontánea. Es casi improbable encontrar una mirada hostil en esta ciudad costera que cuenta entre las ciudades más seguras del Reino.
Noticias 12 Jul 2012 3 min de lectura
Assilah, la alegrÃa a pesar de todo

