Qué grande fue nuestra tristeza cuando nos enteramos recientemente, mi esposa, mis hijos y yo mismo, del fallecimiento del Padre Georges Couturier. Era, para mi familia, el único verdadero amigo de Francia en Marruecos.
El Padre Couturier, doctor en medicina, era, como el actual Papa Francisco, elegido en el Vaticano, un cristiano jesuita. Trabajaba en acciones a favor de los pobres. Era, por otra parte, un hombre muy culto, muy abierto y amante de tocar el violonchelo. Los intercambios con él eran muy agradables y fructíferos. Nunca intentaba influir en sus interlocutores con el fin de convertirlos a su religión. Hablando bien árabe y dominando incluso su escritura, tenía un gran respeto por los musulmanes y sus costumbres. Vivió cerca de cinco décadas en Marruecos. Nunca abandonó la Escuela de Agricultura de Témara (llamada comúnmente Cidera) donde se instaló en 1965 como formador de técnicos marroquíes en higiene alimentaria. Cuando la actividad de esta escuela cesó, eligió permanecer allí y seguir ayudando a la población vecina con el fin de mejorar sus condiciones de vida. Ocupó, hasta su muerte, el puesto de responsable del Centro Social y de Educación de la Entraide Nationale situado en el interior de la Escuela de Agricultura. Dedicó, en efecto, su vida a ocuparse regularmente de la población de Témara en general y de la de Mers Al Kheïr en particular. Uno de sus grandes combates fue la operación de realojamiento del barrio marginal «Al Batoul».
Como médico, acogía diariamente en el Centro de la Entraide Nationale, por un dirham simbólico (!), a todos los enfermos, hombres, mujeres y niños, deseosos de ser examinados y de recibir tratamientos médicos. No solo les prodigaba cuidados, sino que a menudo les ofrecía, gratuitamente, medicamentos para su tratamiento. Su combate se centró en los problemas de desnutrición de los niños pequeños, asegurándoles una atención total. También aseguró la curación y el seguimiento médico de los quemados. Solo esta última atención permaneció asegurada en el Centro después de su muerte.
El Padre Couturier había, por otra parte, mantenido la práctica de los médicos de campo en el sentido de que se desplazaba en persona a domicilio para examinar a sus pacientes. Cuando estos necesitaban un diagnóstico por parte de especialistas, él mismo los acompañaba en su vehículo ante médicos especialistas que formaban parte de su amplia red de amigos en Rabat-Salé.
Otros socios institucionales y no institucionales, como el Círculo de Mujeres de Diplomáticos, la Asociación «Amalouna», las embajadas de países europeos, especialmente de Francia, España y Suiza y otros países asiáticos (Japón, Corea,…) no dejaron de aportar sus apoyos financieros y materiales para contribuir, en colaboración con el Padre Couturier, al alivio de los problemas sociales de las poblaciones de Mers El Kheïr.
En cuanto a la Entraide Nationale, le pagaba una subvención anual para la gestión del Centro Social y de Educación. Con la ayuda de un equipo reducido de hermanas cristianas y mujeres marroquíes, logró tener una gestión impecable del Centro. Se solía decir de los miembros de su equipo que trabajan como hormigas. En la administración de la Entraide Nationale, siempre se ha estimado que el funcionamiento del Centro de Mers Al Kheïr es el modelo por excelencia para todos los demás centros a través del país. Fuera de las actividades médicas y de higiene, el Centro asegura también actividades de apoyo escolar a los niños, de lucha contra el analfabetismo y de aprendizaje de oficios para las jóvenes. De hecho, a menudo ocurría que los responsables de la Entraide Nationale llevaban a sus invitados de las delegaciones extranjeras a visitar el Centro Social del difunto Couturier.
El difunto pasaba sus vacaciones de fin de año y de verano en Francia, cerca de los suyos, especialmente de su hermano, profesor de derecho, que también había enseñado, al principio de su carrera, una o dos años en Marruecos, en la Facultad de Derecho del Agdal. El Padre Couturier tenía la costumbre de escribir y enviar sistemáticamente postales de recuerdo a sus amigos en Marruecos para mostrarles que no los olvidaba, incluso durante los periodos de sus vacaciones.
Su desaparición es una gran pérdida para las poblaciones de Témara y de Mers El Kheïr. Es también una gran pérdida para Marruecos entero. Formaba parte de esas personas que se apegaron mucho a Marruecos y a los marroquíes y que no querían abandonarlos. Adiós, amigo.
Noticias 20 Apr 2013 4 min de lectura
Homenaje a la memoria del Padre Georges Couturier

