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Sobre Oujda

Oujda (en árabe: وجدة) es una ciudad marroquí situada al noreste del reino de Marruecos, a 55 km de la costa mediterránea.

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Noticias 23 Jun 2013 12 min de lectura

«¿El Oriental marroquí: de una región periférica a una región bisagra?»

PMAT, detrás de este acrónimo, Programa de Mejora Territorial, es una gran obra que se perfila, seguida al más alto nivel por el Jefe del Estado. Una obra que afecta a poblaciones marginadas hasta ahora, dispersas en regiones montañosas, aisladas y de difícil acceso, que ocupan los titulares de la actualidad para recordar tal o cual tragedia, muerte de niños o bebés, como fue el caso en Anfghou, o aislamiento de Douars rodeados de nieve... 3 300 Douars, incluidos los vecinos de Jerrada, muy afectada desde el cierre de las minas de carbón, se verán afectados por un programa de mejora de los servicios de agua, electricidad, salud, educación y acceso a infraestructuras básicas. Más allá del lanzamiento de los grandes proyectos en el Oriental, se trata de poner al día a toda una región que, durante mucho tiempo, habrá vivido al albur de los contrabandos y del aporte de la emigración utilizando precisamente el dinero de los emigrantes que serv
«¿El Oriental marroquí: de una región periférica a una región bisagra?»

El Oriental, que se extiende sobre 82 820 km², constituye el 11,6% del territorio nacional. Situado al este del país, limita con el Mediterráneo al norte y con Argelia al este. Partiendo de una posición excéntrica y fronteriza del Oriental que contribuyó a su retraso económico y social respecto a los focos vitales del país, ¿podrían las potencialidades de la región y la nueva generación de grandes proyectos lanzados permitirle superar el hándicap de la marginalidad y lograr su integración en el espacio económico nacional? Esta es la pregunta planteada al geógrafo investigador Abdelkader Guitouni, este nativo de Oujda que defendió su tesis doctoral de Estado con Jean François Troin. Autor de la obra «El noreste marroquí: realidad y potencialidades de una región excéntrica», es coautor de numerosas obras y publicará próximamente un libro sobre los léxicos de la región. Obtuvo el Premio del Gran Atlas en 2006.

Le Matin: Las limitaciones del desarrollo son numerosas, dice usted, ¿puede presentarlas? Abdelkader Guitouni:

En primer lugar, está el peso de la historia. Habiendo constituido en el pasado una tierra de nadie disputada entre los reinos de Fez y Tlemcen, y luego desde el siglo XVI entre las dinastías cherifianas de Marruecos y los turcos de Argel, el Oriental vivió durante el periodo colonial (1912-1956) al margen del “Marruecos útil” y se orientaba hacia Argelia mediante la apropiación de tierras por los colonos del oeste argelino, la fuerte inmigración argelina y los intercambios comerciales con Orán a través del puerto de Ghazaouet, salida de la región. Con la descolonización, la región se encontró en una posición demasiado alejada de los focos económicos vitales y de los centros de mando nacionales (Casablanca y Rabat).

¿Existe también la geografía con el estrés hídrico ya presente en algunas regiones?

La aridez del clima, rasgo dominante del marco físico, es un factor limitante de las aptitudes agrícolas e hidráulicas. Aparte de los perímetros irrigados de las llanuras del Bajo Muluya, los suelos fértiles y los espacios agrícolas son escasos y reducidos. La agricultura dominante, basada en el cultivo de cereales de secano, tiene como objetivo producir principalmente para el autosuficiencia alimentaria y sufre los avatares del clima con sequías frecuentes. El déficit hídrico es tanto más preocupante cuanto que existe una dura competencia por el agua entre el riego, el consumo urbano y la industria.

Minas que cierran y hombres que emigran. Hasta principios del nuevo milenio, asistimos al agotamiento progresivo de los recursos mineros y energéticos que tiene un impacto devastador en ciertas regiones, como la de Jerada.

Con también el cierre de los yacimientos de manganeso de Bouarfa en 1967, de plomo y zinc de Boubker y Touissit en 1969 y 2002 respectivamente, de hierro de Ouichane (Beni Bou Ifrour) en 1997 y de antracita de Jerada en 2001. Aparte de dos unidades industriales de interés nacional, a saber, la laminadora de SONASID en Laroui y la cementera HOLCIM en El Aaiún, el tejido industrial del Oriental presentaba una débil capacidad de empleo y se limitaba a pequeñas industrias en medio urbano en las “zonas industriales” de Oujda, Nador y Berkane.

En cuanto al litoral mediterráneo, que se extiende a lo largo de más de 200 km, desde la desembocadura del Nekor al oeste hasta la del Kiss al este, está subexplotado para la pesca y el turismo balneario. Nador y Saïdia representan casi las únicas salidas portuarias y balnearias del Oriental en el Mediterráneo. Por último, la economía de la región, en particular en el medio urbano, se caracterizaba por la proliferación de un sector informal que agrupaba pequeños oficios y comercios de supervivencia, y por la proliferación del contrabando, un componente de la economía de la región, omnipresente en las ciudades. Este se practica en dos frentes: por el lado norte con el enclave español de Melilla y por el lado este, con Argelia.

Con una población creciente que supera los 2 millones de habitantes y con una frontera cerrada desde hace décadas, hace falta una salida, ¿es la que ofrece la emigración?

El Oriental es efectivamente el primer foco de salida de Marruecos hacia Europa. Desde finales del siglo XIX hasta los años 1960, existía una corriente migratoria de mano de obra agrícola en dirección a la vecina Orán. Con la independencia de Argelia, el flujo de emigración se reorientó hacia Europa occidental (Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos) y se intensificó hasta mediados de los años 1970. Tras los efectos de la crisis económica de 1974-75, los Estados europeos adoptaron medidas para frenar la inmigración extranjera (cierre de fronteras, instauración de visados...). Ante estas restricciones, la emigración adoptó nuevos aspectos: reagrupación familiar, búsqueda de nuevas salidas (España, Italia...), emigración clandestina. Gracias a las transferencias monetarias de los MRE (marroquíes residentes en el extranjero), el Oriental es una importante plaza financiera. Sin embargo, los capitales depositados en las ciudades de la región, en particular en Nador y Oujda, están subutilizados y no contribuyen plenamente a financiar inversiones productivas.

Usted ha mencionado en uno de sus estudios el polo terciario de amplio alcance, con precisamente el número de agencias bancarias, de las que lo menos que se puede decir es que trabajan para otras regiones que no son la del Oriental.

Con un aparato administrativo desarrollado, capital de la wilaya de la región, las delegaciones regionales de los ministerios, las profesiones liberales... el Oriental constituye efectivamente un polo terciario. Queda un punto que no se puede eludir, el del elevado número de agencias bancarias, que pasó de una treintena en 1995 a 75 en 2011. Esta progresión está ligada a la función de refugio de los capitales de los MRE originarios de la ciudad. En 2009, el Oriental recibió casi una cuarta parte de las transferencias de los MRE realizadas hacia Marruecos (11,5 mil millones de dirhams sobre un total de 50). Pero de los 9,3 mil millones de dirhams depositados en los bancos de Oujda y del Oriental, solo 2,7 mil millones, es decir, el 28%, se movilizan localmente; el resto, el 72%, se invierte en el Occidental y en Casablanca. La relación créditos y depósitos, la más baja de Marruecos (28%), significa que los depósitos bancarios del Oriental financian el desarrollo de otras regiones.

Una nueva generación de proyectos. El discurso real del 18 de marzo de 2003 produjo una fuerte inflexión y desencadenó un nuevo proceso. Los primeros resultados están ahí, aunque deben ser consolidados y reforzados. Y no se trata de simples obras, sino de grandes proyectos sectoriales que deberían permitir, si están bien acompañados, recuperar el retraso.

Debido a su posición geográfica y fronteriza, el Oriental debía beneficiarse de un esfuerzo particular del Estado en materia de inversiones. Al Estado le correspondía impulsar el desarrollo de la región mediante la realización de proyectos de equipamientos pesados, de interés nacional. Estos últimos, que deben constituir acciones de fondo cuyas repercusiones se sentirán a largo y medio plazo, son capaces de producir un efecto de arrastre para otros sectores socioeconómicos. Se trata en particular de proyectos ya realizados o en curso destinados a romper el aislamiento del Oriental y mejorar sus infraestructuras viarias y ferroviarias: secciones de la autovía mediterránea Tánger-Saïdia que corresponden al territorio de la región, autovía Fez-Oujda, vía rápida Oujda-Nador, vía férrea Taourirt-Nador, desdoblamiento y electrificación del eje ferroviario Fez-Oujda. Oujda es el tipo de ciudad que creó su región y tejió una red de relevos en su zona de influencia gracias a su situación de encrucijada fronteriza y a su pasado urbano. Se sitúa a la cabeza de una red urbana regional por su posición en el cruce de las vías de comunicación. Es a la vez un nudo viario, una gran estación de clasificación en el cruce de los ejes ferroviarios Fez-Orán y Bouarfa-Ghazaouet y un aeropuerto internacional con un tráfico ligado al regreso de los MRE de los países europeos en verano. Respecto a los proyectos de desarrollo, hay que citar el último proyecto inaugurado por Su Majestad el Rey, cerca del aeropuerto de Oujda, a saber, el tecnopolo, una gran obra destinada, mediante la implantación de empresas de alta tecnología, a crear empleos y atraer inversiones. Una obra que dispone de un entorno de los más favorables, especialmente en materia de escuelas superiores. Disponiendo de siete establecimientos de enseñanza universitaria (cuatro facultades y tres escuelas superiores: EST, ENSA, ENCG), Oujda es la quinta ciudad universitaria de Marruecos por el número de estudiantes (32 000 en 2012), cuya área de reclutamiento se extiende a todo el Oriental. Hay otros proyectos que permitirán el anclaje del Oriental en su entorno nacional y regional. Tenemos otros proyectos como la central termoeléctrica de Aïn Beni Mathar, idealmente localizada, el agrópolis de Berkane, pero también los grandes proyectos de aducción de agua, la creación de centros profesionales que deberían desencadenar una nueva dinámica.

¿Recomienda otras “soluciones para ayudar al desarrollo de la región”?

Mediante una política voluntarista de desarrollo, la contribución del Estado puede también adoptar varias formas: desgravaciones fiscales, resolución de la cuestión de los sistemas de propiedad de la tierra y, más allá del fondo de inversión, creación de una caja de desarrollo del Oriental a imagen de las de ciertas regiones del mundo que han recuperado su retraso económico. El ejemplo del sur italiano, el Mezzogiorno, es instructivo a este respecto dados los proyectos realizados gracias a la Cassa per il Mezzogiorno, organismo parapúblico creado en 1950 y destinado a aportar una ayuda financiera y técnica al desarrollo del Sur.

Usted menciona, en sus escritos, los daños debidos a la repetición del ciclo apertura-cierre de la frontera. ¿Qué quiere decir con eso?

Las funciones diversificadas de Oujda le han permitido polarizar un vasto territorio, aunque su área de influencia esté truncada al este por el trazado de la frontera marroquí-argelina. Desde los años sesenta, Oujda conoce la repetición del ciclo cierre-apertura de la frontera, cuyo impacto sufre. Debido a los avatares políticos en las relaciones bilaterales, la principal forma de intercambios que subsiste entre Argelia y Marruecos es el contrabando, convertido en un componente de la economía urbana y regional. Los ingresos del gran contrabando, que mueve un volumen de negocios de varios miles de millones de dirhams anualmente, han servido, de una parte y de otra, al igual que el blanqueo de dinero del tráfico de drogas, para construir fortunas. Al no ser hermética, la frontera marroquí-argelina es cruzada localmente, desde el territorio argelino, por ciudadanos del África subsahariana de varias nacionalidades (malíes, nigerinos, senegaleses, guineanos, burkineses...) con la esperanza de llegar a Melilla y embarcarse clandestinamente hacia España. Durante los últimos años, el Oriental marroquí, que era al principio un espacio de paso hacia el “Eldorado europeo”, tiende a convertirse en una zona de fijación para los “harraga”, emigrantes clandestinos.


La integración de la diáspora marroquí procedente del Oriental en el desarrollo regional

El Oriental, territorio de 82 320 km², situado en la prolongación noreste del Reino, con una población de cerca de 2 millones de habitantes, ha sido siempre, por su historia y su geografía, una zona de flujos económicos y sociales abierta a su entorno internacional. Con sus dos ventanas, una dando al este hacia Argelia, el resto del Magreb y por extensión hacia el África subsahariana, la segunda dando al contorno mediterráneo.

Esta geografía ha moldeado el destino de esta región fronteriza convertida en muy sensible al grado de intensidad de los intercambios con su entorno internacional inmediato. Varios sectores de la economía regional se han construido sobre la base de los vínculos fronterizos con, especialmente, Argelia al Este y España al Norte (comercio y servicios, transporte viario, marítimo y ferroviario, bancos y servicios financieros, etc.). El análisis de los flujos económicos de la región muestra además que esta última ha sido históricamente más una región de tránsito que una región que valoriza sus recursos localmente.

El alejamiento de la región de los centros de decisión nacionales ha, además, obligado a la economía regional a permanecer dependiente de las contingencias fronterizas. Al Este, las fronteras han estado desde la independencia hasta hoy más cerradas que abiertas; situación que ha llevado a la región a permanecer en una situación de “expectativa económica” debido a una integración regional del Magreb siempre pospuesta a las “calendas griegas”.

Este contexto económico, provocado por el alejamiento de la región respecto al centro del país y el cierre de las fronteras al este, ha empujado a la región a orientar sus flujos hacia el norte del Mediterráneo; en este caso hacia Europa. Hoy, el Oriental se ha convertido, por su diáspora y sus intercambios económicos, en una de las regiones del Reino más conectadas con Europa. Es una de las realidades aún desconocidas a nivel nacional e internacional.

Se estima que entre 800 000 a 1 millón de hombres y mujeres procedentes del Oriental están en el extranjero, esencialmente en Europa. Si acercamos esta cifra a la de la población total del Oriental que no supera los 2 millones (según el censo de 2004), podemos medir la importancia de los vínculos humanos del Oriental con la otra orilla del Mediterráneo.

Las estimaciones estadísticas relativas a la diáspora indican que el 70% de los marroquíes residentes en Alemania proceden del Oriental, la misma cifra se avanza para los Países Bajos, el 60% en España, el 50% en Bélgica y el 30% en Francia. Asimismo, según las cifras disponibles, el 25% de los flujos financieros de la diáspora transferidos a Marruecos (más de 4 mil millones de euros en 2007) lo son hacia el Oriental. En materia de import-export, el 80% de los ingresos de los productos de exportación de la región (productos agrícolas y agroindustriales) lo son a favor de las exportaciones hacia los mercados europeos. La proximidad de una provincia tan importante como Nador con el enclave ocupado español de Melilla genera corrientes de intercambios económicos no despreciables.

A la espera de la construcción del Magreb árabe, la región ha establecido vínculos fuertes con Europa, especialmente a través de la población de los marroquíes residentes en los países europeos (Francia, Alemania, Países Bajos, Bélgica, España, Italia, etc.) y procedentes de la región. La Agencia del Oriental ha integrado plenamente esta realidad y la tiene en cuenta en el marco de la estrategia de desarrollo regional, especialmente en su apartado de la cooperación internacional.

Por Taoufiq Boudchiche, director de Cooperación y Promoción en la Agencia del Oriental

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