Es día de fiesta en el instituto Sidi Bennour. En efecto, los profesores y el personal de la administración de este establecimiento han querido rendir un vibrante homenaje a sus colegas llegados al término de su carrera profesional. Toda una vida de labor dedicada al servicio de los otros y notablemente a la preparación de las generaciones por venir. Todos los actos y todas las palabras no son evidentemente bastante fuertes para expresarles el reconocimiento sentido a su respecto.
La ceremonia, presidida por Mohamed Hejjaoui, delegado provincial del MEN en Sidi Bennour y a la cual numerosos profesores, agentes de servicios, alumnos y padres de alumnos han sido invitados, ha sido organizada en el recinto del instituto Sidi Bennour, establecimiento que data de 1952 y que constituye un lugar de resurgimiento para varias personas que participan a diferentes niveles en la gestión de los asuntos de nuestro país.
Es sin fanfarronería que el Sr. Hejjaoui ha querido recordar que «la ocasión es bella de recordarse el coraje y la clarividencia de nuestros colegas profesores», estos militantes cuyo adversario es más que un enemigo; dicho de otro modo, estos soldados armados de tiza, de lápices, y de buena voluntad, no bajan nunca los brazos delante de este enemigo que no es otro que la ignorancia.
Contrariamente a lo que decía Marcel Pagnol en Manon de los manantiales: «Un jubilado es en general un huérfano, y a menudo un viudo, que mira trabajar a los otros y que come el dinero de los impuestos», la celebración de tal ceremonia califica este propósito de anticuado devolviendo la vida, la esperanza a estas personas jubiladas y les permite, de este hecho, continuar a transmitir incondicionalmente a los nuevos reclutas, a los alumnos el amor del oficio aunque los enfoques a los cuales permanecen aferrados, hayan cambiado y que la práctica de la clase les haya superado. Están ahí, sin embargo para dar el ejemplo. ¿Quién de nosotros no se recuerda un modelo? No hay que aislarles, ni obligarles a una jubilación definitiva, «sobre un lugar ignorado», según la expresión de Colette.
Aquel que «ha apresurado su jubilación» (Racine), vía la salida voluntaria, o ha consumido sus sesenta años, tiene necesidad, más que nunca, de sus colegas para vivir una jubilación tranquila, una jubilación en la cual amigos, colegas y familia son llamados a acompañarle a jugar su papel de jubilado hasta el final. ¡La calidez humana, vamos!
Estos soldados que han decidido lavarse las manos y girar la espalda a la función pública sin cerrar las puertas de un portazo, las lágrimas en los ojos, el corazón grueso deben tener presente al espíritu la idea que no son más que los ingratos que pueden olvidarles, y que este tipo de individuo no existe en este cuerpo inmunizado por la solidaridad entre sus miembros.
Estarán sin cesar bien rodeados. ¡Eso les tranquiliza!
Buena jubilación, señores y señoras, Haj Abdelkader Khoubalat, Haj Mohamed Mennane, Abdelkader Mourabit, Abdellah Mennane, Hajja Aïcha Bousserghine, Hajja M’barka Khoubalat, Mohammed Bassir, Habib Aarfaoui, Mohamed Mabrouk, Amina Jtiti, Hassania Hasnaoui, Mostapha Agrou, Habiba Ninia.
Noticias 27 Jun 2013 3 min de lectura
El instituto Sidi Bennour rinde homenaje a sus jubilados

