El 11 de julio de 1995, el difunto S.M. el Rey Hassan II dio el pistoletazo de salida a las obras para la construcción de una ciudad nueva, situada al este de Salé. Se trata de Sala Al Jadida. Este proyecto grandioso, que hasta entonces no era más que una gran obra, prometía acoger a 120 000 habitantes que acariciaban el sueño de acceder a una vivienda digna a bajo precio. Diecisiete años después, la ciudad ha ganado la apuesta acogiendo a más del doble de los habitantes esperados. Pero este crecimiento demográfico rápido y aumentado no ha estado exento de consecuencias para este importante proyecto urbanístico. La ciudad, que pretendía ser un modelo, no ha logrado ofrecer a sus habitantes un marco de vida agradable que responda a sus expectativas, y los ciudadanos pagan desde hace algunos años el precio alto de una visión a corto plazo que no previó un refuerzo a largo plazo de los servicios sociales básicos.
Resultado: la ciudad sufre una falta enorme de infraestructuras, empezando por los centros escolares y universidades, que pueden contarse con los dedos de la mano. Consecuencia: los estudiantes están obligados a recorrer largas distancias para llegar a las escuelas de los barrios vecinos. O, en el mejor de los casos, tomar el autobús y soportar el calvario del transporte público a diario. Una situación agravada por la falta de seguridad que reina en la ciudad, ante la ausencia total de agentes de policía (toda la ciudad solo cuenta con un único puesto de policía). «Vivo en esta ciudad desde hace más de un año y nunca me he encontrado, durante mis salidas, con un solo policía. Menos aún con agentes de tráfico, que brillan por su ausencia en las arterias principales. Los automovilistas aprovechan la situación para saltarse el semáforo en rojo a su antojo. Eso es lo que explica, por otra parte, el número de accidentes registrados, que es cada vez mayor», exclama Ibrahim, un joven empleado casado que se acaba de mudar recientemente a Sala Al Jadida. Ante este estado de cosas, los padres toman el mal con paciencia y acompañan todos los días a sus hijas hasta las puertas de los centros escolares por miedo a verlas agredidas. Esta ausencia de seguridad contribuye también a un aumento sin precedentes de la criminalidad y a un desarrollo importante de la venta de drogas blandas y duras. «A la gente la agreden a plena luz del día. El robo por tirón se ha convertido en algo habitual. Por tanto, estoy obligado a acompañar a mi mujer hasta su trabajo por la mañana y recogerla por la noche, aunque esto me cansa y me lleva muchísimo tiempo», anuncia Ibrahim con un tono desesperado. Además, en Sala Al Jadida hay pocas mezquitas; las existentes son un total de dos. Así, los habitantes de la ciudad que desean cumplir con la oración del viernes se ven obligados a hacerlo bajo un sol tórrido en verano o bajo la lluvia en invierno. A veces, el flujo de fieles bloquea las arterias situadas cerca de las mezquitas y crea un desorden en la circulación. «Una vez, me vi obligado a abandonar mi coche y tomar el autobús porque me desperté tarde un viernes. Mi coche quedó bloqueado por los vehículos estacionados en medio de la calle por los fieles», anuncia Salim, otro habitante de la ciudad. Paralelamente a estas insuficiencias, la ciudad carece atrozmente de medios de transporte. En efecto, aparte de los autobuses de transporte público que conectan Sala Jadida con Rabat y Bouknadel, la ciudad no cuenta con ningún otro medio de transporte. Sin embargo, este polo urbanístico no deja de desarrollarse y asistimos, cada vez más, a la creación de nuevos barrios situados a veces a 7 km del centro de la ciudad, como el barrio «des Aayayda». «Nunca vemos pequeños taxis en la ciudad porque los propietarios pretenden que no ganan suficiente dinero con los trayectos realizados dentro de la ciudad, lo que deja el campo libre a los transportistas clandestinos. Las autoridades deben reflexionar sobre una solución. A los habitantes les cuesta llegar a sus casas, especialmente a las mujeres», continúa Salim. Otro problema, y no menos importante, es la falta de centros de salud. La ciudad fue diseñada para albergar a unos 120 000 habitantes y su población ha tenido que aumentar considerablemente prácticamente 20 años después de su creación. Las infraestructuras médicas existentes no han podido seguir la evolución de la ciudad. Por consiguiente, a menudo están desbordadas. A esto se añade la falta de mercados de frutas, verduras y carne. A excepción de un mercado situado a la entrada de Sala Jadida, los habitantes de esta ciudad deben acudir a Kariat Ouled Moussa o Hay Essalam para hacer sus provisiones; si no, están obligados a frecuentar mercados improvisados creados aquí y allá por comerciantes. Afortunadamente, hace poco se instaló una gran superficie en la ciudad para este fin. La ciudad también carece de lugares de entretenimiento. No hay cine, no hay parques de atracciones para los niños, no hay jardines en condiciones. La ciudad carece de todo espacio de ocio, aparte de una pobre casa de la juventud creada a la entrada de la ciudad y que, por otra parte, es muy poco frecuentada por los habitantes. Informado de las diferentes dificultades a las que se enfrentan los ciudadanos, el alcalde de Salé, Nourredine Lazrak, indicó que no hay que dramatizar demasiado la situación. Las mezquitas existentes en la ciudad son bastante suficientes para los habitantes, sobre todo porque otro lugar de culto está en fase de construcción. «No voy a construir una mezquita delante de cada casa para satisfacer a todos los habitantes», anuncia. Los mercados de barrio también están en fase de construcción; de hecho, solo faltan unas semanas para inaugurar uno de estos espacios. Además, la ciudad pronto estará dotada de un centro socio-deportivo, un campo de barrio y una sala cubierta... La pregunta que se plantea hoy es saber si la realización de estas pocas infraestructuras bastaría para absorber la ira de los ciudadanos, cada vez más palpable...
Sala Al Jadida, un proyecto víctima de sus ambiciones
Ciertamente, el proyecto de Sala Al Jadida, que entra en el marco del programa nacional de construcción de 200 000 viviendas, no ha resuelto el problema de la vivienda insalubre, pero ha contribuido enormemente a hacer menos difícil la adquisición de una vivienda por parte de los hogares de bajos ingresos. En el plano urbanístico, hay que reconocer que la ciudad de Sala Al Jadida fue bien pensada y construida en una perspectiva de futuro. Calles y avenidas muy anchas, el revestimiento del suelo es de buena calidad, una red viaria muy importante. Todo hacía creer que la ciudad sería un modelo urbanístico, pero parece que los estudios que se llevaron a cabo para permitir a los habitantes tener acceso a los servicios sociales básicos (escuelas, mercados, dispensarios...) no fueron bien reflexionados y no preveían un desarrollo demográfico tan importante de la ciudad, y si no se toma ninguna medida para rehabilitar estos servicios, Sala Jadida será víctima de la anarquía y del subdesarrollo.
-* Ausencia de mercados
-* A excepción de un mercado situado a la entrada de Sala Al Jadida, los habitantes de esta ciudad deben acudir a Kariat Ouled Moussa o Hay Essalam para hacer sus provisiones.
-* Falta de infraestructuras
-* La ciudad sufre una falta enorme de infraestructuras, empezando por los centros escolares y las universidades.

