Cuando uno lo piensa, no existe solo la sequía agrícola, por falta de lluvia, existe también la sequía cultural por falta de actividades relacionadas con ella. Es el caso de la ciudad de Khénifra que conoce actualmente un profundo ensueño, a excepción de dos o tres actividades socioculturales organizadas anualmente, ya sea sobre la nueva corta, ya sea sobre el teatro o las artes plásticas. Según las estadísticas oficiales, existe en la ciudad de Khénifra solo 630 asociaciones, todas las categorías incluidas. La mayoría de estas entidades creadas en buena y debida forma permanecen sin actividades, sin vida y sin alma. Esta situación estancada es, por decir lo menos, molesta y sorprendente. Solo puede perjudicar y dañar el futuro de la juventud khénifrí en particular y del entorno sociocultural de la región en general.
Este vacío cultural, en verdad, es causado por ciertos «dirigentes» de asociaciones quiméricas, que solo hacen hundir profundamente el cuchillo en una herida ya abierta desde hace mucho tiempo. Tomemos el caso del festival sociocultural organizado por la municipalidad de la ciudad hace algunos años y que solo conoció dos ediciones, antes de ser «inhumado» de una vez por todas por sus organizadores, haciendo de la ciudad roja de los Zayane un pariente pobre de toda una región a nivel cultural, sin tener en cuenta el importante potencial de hombres de letras, de poesía, de teatro y de eminentes profesores en actividad en el corazón de la ciudad. La mayoría de los ciudadanos khénifríes se interrogan sobre esta situación singular, marcada por la ausencia total de los «patrones» de ciertas asociaciones culturales, cuyo deber absoluto consiste en relanzar, en un marco preciso, según sus estatutos, las diferentes potencialidades culturales de la ciudad. La pelota está, pues, en el campo de las autoridades y de los elegidos locales para proceder al despertar de estas asociaciones efímeras, casi fantasmagóricas. ¿Esta responsabilidad no es una de las atribuciones del Consejo municipal, como está estipulado en el artículo 30, capítulo IV de la Carta comunal?
Cabe subrayar que el objetivo último no es la crítica gratuita de los dirigentes de estas asociaciones que deben, en primer lugar, renovar sus oficinas y poner solo en apoteosis sus pasividades y los problemas encontrados. Ciertamente, existen múltiples marasmos, pero también soluciones. Está claro que estas entidades no deben ser concebidas como «trampolines», sino más bien como una responsabilidad que hay que asumir plenamente frente a los ciudadanos. Es, pues, tiempo de revisar, en un marco democrático, nuevas estructuras bajo un ángulo transparente y de curar, de ahora en adelante, las heridas del pasado, para que la ciudad de Khénifra comience una nueva etapa sociocultural llena de vitalidad y dinamismo, cuyo pasado prestigioso ha marcado nuestra historia.
¡SOS cultura! Los khénifríes, por unanimidad, formulan el deseo de que las asociaciones locales tomen conciencia de las tareas que deben asumir para ponerlas en práctica, con dedicación y abnegación, con el fin de colmar el vacío de nuestros jóvenes sobre quienes reposará el futuro de nuestra sociedad, y por rebote de nuestro país. «Una cultura sana para el bienestar de las poblaciones» es, así, la divisa fundamental
y sacrosanta que debería prevalecer. Señalemos, por fin, que las obras de construcción de un gran edificio, que albergará el complejo cultural en el centro de la ciudad de Khénifra, están terminadas desde hace mucho tiempo. Las puertas de esta importante institución permanecen siempre cerradas por razones que los ciudadanos ignoran, esperando que este problema sea resuelto en los mejores plazos. Es un deseo que permanece sediento de una cultura bien ordenada…
Cultura 02 Aug 2014 3 min de lectura
Alegato por «el despertar» de las asociaciones culturales

