Tras haber vivido, hace tres años, el drama de las enfermedades fúngicas, sobre todo el del moteado, un hongo que ataca el follaje de los árboles así como el fruto donde se observa la formación de costras corchosas en la piel, la temperatura óptima de proliferación así como el clima seco de esta temporada han intensificado la reproducción de masas importantes de arañas rojas, parásitos de tamaño inferior a un milímetro, difíciles de ver a simple vista, que infestan los huertos de manzanos en Imouzzer Kandar y dejan tras de sí enormes daños. Esta plaga de la familia de los ácaros hiberna en forma de huevos depositados sobre las cortezas de los árboles y en la base de los brotes; en el mes de agosto constituyen placas rojas que, hacia el mes de abril, cuando la temperatura comienza realmente a subir, eclosionan para dar lugar a futuras colonias de arañas, según las condiciones meteorológicas. En estado adulto, una sola hembra puede poner hasta 100 huevos durante su corta vida, de ahí una velocidad de multiplicación que puede ser muy importante si el clima es a la vez seco y cálido. Tal clima alerta a los agricultores a proceder a operaciones de tratamiento repetido mediante pulverizaciones de sustancias activas que luchan contra los ácaros. «Por naturaleza, dos o tres tratamientos foliares por temporada agrícola nos bastan para reducir al mínimo los ataques de la maldita araña, pero este año ha manifestado una gran resistencia, lo que nos ha empujado a multiplicar las operaciones de tratamiento con diferentes marcas de acaricidas disponibles en el mercado, operaciones que han ascendido para mí a seis, pero siempre sin el resultado esperado», nos explica O. Ali, agricultor, que teme un aumento de los gastos sin ver mejorar su cosecha. Un aumento debido principalmente a la compra adicional no solo de sustancias fitosanitarias con acción directa contra las arañas, sino también de abonos foliares para remediar los daños provocados por estas últimas en el follaje de los árboles y las manzanas. El clima reinante a partir del segundo trimestre de este año en la región de Séfrou, un clima a la vez seco y cálido, favorece la reproducción acelerada de las colonias de minúsculos parásitos que desarrollan a su vez una resistencia notable a las sustancias químicas baratas disponibles en el lugar; la ausencia de campañas de sensibilización son factores que hacen de ellos, este año, un arma de destrucción masiva de los huertos y de la cosecha que se marchita a ojos vista. Las hojas atacadas amarillean, se vuelven marrones y adquieren un aspecto gris plomizo. Su actividad fotosintética se reduce entonces a su mínima expresión. Por su picadura microscópica, el pequeño monstruo logra succionar la savia de las hojas de los árboles frutales y principalmente de los manzanos por su acción sobre la actividad clorofílica de las hojas. Si los ataques son numerosos, puede causar también una depreciación de la calidad de los frutos a nivel del calibre y del índice de azúcar, así como de la actividad floral del año siguiente. ¿Cómo es posible dar la espalda a una región conocida a escala nacional sobre todo por la calidad del fruto noble? Resulta irónico ver a estos agricultores afrontar solos su destino con enfermedades cada vez más resistentes, y esto en una región próxima a Meknès donde se celebra cada año el Salón Internacional de la Agricultura, por supuesto en las tierras del Marruecos Verde.
Noticias 17 Jul 2014 3 min de lectura
Los manzanos de Imouzzer Kandar devastados por las arañas rojas

