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Sobre Tamegroute

Tamegroute es una ciudad de Marruecos, situada a unos veinte kilómetros de Zagora, en la antigua ruta de Tombuctú, en el valle...

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Noticias 25 May 2013 3 min de lectura

Artesanos velan por el secreto de la alfarería verde

Artesanos velan por el secreto de la alfarería verde

A lo largo de los oasis del extremo sur de Marruecos, el ocre del desierto roe poco a poco el decorado. En Tamegroute, sin embargo, el verde sigue ocupando el centro de la escena, gracias a la alfarería local, única por su color.

Antaño vía de paso, como todo el valle del Draâ, en las grandes rutas caravaneras, Tamegroute, ciudad de unos pocos miles de almas, es la cuna de la cofradía sufí Zaouia Nassiria, fundada en el siglo XVII por Mohamed Ben Nasser, quien hizo venir a un gran número de sabios y artesanos.

Ha conservado de este rico periodo una famosa biblioteca, cuyas obras se remontan al siglo XI, pero también una alfarería típica en esmalte verde.

"Es este color verde el que hace su renombre respecto a otras alfarerías en Marruecos. Puedo decir incluso que es la única en el mundo, ya que muchos han intentado copiarla pero sin éxito, y esto gracias a su secreto", afirma Hamid Aït Dani, un artesano.

Diplomado en química mineral, señala que la fabricación de la alfarería "pasa por cuatro etapas principales: la preparación de la arcilla, el modelado, la pintura y la cocción".

Pero es Abdelhak Bani, a la vez artesano y guía turístico, quien se encarga de explicar a los visitantes las características locales.

"La interacción del cobre, del kohl (a base de manganeso) y de +piedra muerta+ genera este color verde durante la cocción, mientras que el polvo de cereales da el aspecto brillante ondulado y los gradientes ilimitados", dice.

"Honorable oficio"

"Hay otro elemento detrás de este color que sigue siendo secreto", añade sin embargo el Sr. Aït Bani. "Artesanos de aquí, con financiación japonesa, han intentado reproducir la misma alfarería en hornos modernos de gas. Pero el resultado no fue satisfactorio..."

Detrás de los muros que encierran la antigua Medina, de donde se eleva el humo negro de los viejos hornos, son en total una decena los que velan por este "secreto", descendientes de seis familias instaladas en la región desde hace cuatro siglos.

"Hemos heredado este honorable oficio y lo transmitimos de padres a hijos. Vivimos de sus ingresos desde hace siglos (...) y estamos orgullosos de ello", proclama uno de estos artesanos, Abderrahmane Bassou.

"Representa nuestra cultura y ayuda al turismo local", añade, bajo la mirada de un grupo de turistas australianos que han dejado por unas horas los caminos trillados que llevan a las primeras dunas del Sahara.

Según Abdel Halim Sbai, que organiza estancias en el sur de Marruecos, "la alfarería es la segunda actividad de los habitantes después de la agricultura".

"En los periodos de gran sequía, la artesanía se convierte incluso en la única fuente de vida de la población. (...) Hay que apoyar a estas familias que han guardado y protegido estas tradiciones y este patrimonio", señala.

En el corazón de esta fabricación artesanal, cada "ingrediente" también ha permanecido auténtico, señalan los artesanos de Tamegroute.

La tierra y el agua para preparar el barro provienen del valle del Draâ, y la madera de los hornos tradicionales de los restos de troncos y hojas de las palmeras datileras. En cuanto al traslado de estos diferentes materiales, se sigue haciendo a lomos de burro.

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