La comuna rural de Aourir, a una docena de kilómetros de Agadir, vivió el jueves pasado eventos incívicos, por no decir más, en estos tiempos en los que la menor solicitud convertiría el más mínimo disturbio en una verdadera revolución. Enclavada en la montaña y con un litoral en el Atlántico que muchos envidian, especialmente los promotores inmobiliarios, uno de los sitios más bellos que el Reino pueda poseer, Aourir ha sido víctima, además de la especulación inmobiliaria, de su posición geográfica. Debido a esto, los precios de los terrenos se han disparado y se han vuelto altamente competitivos en comparación, por ejemplo, con los de la metrópoli, e incluso más según los lugares, especialmente los de la orilla oceánica.
Cerca de Agadir, esta aldea agrícola (platanera) ha visto, en dos décadas, su población multiplicarse por 500 o incluso más para alcanzar los cerca de 50.000 habitantes actuales. El pueblo, llamado en una época el de los jubilados (muchos europeos vienen aquí para sus vacaciones de invierno), se ha desarrollado muy mal, ayudado por largos años de gestación donde la insalubridad y la anarquía en la construcción prevalecieron.
Por otro lado, cuando faltan las menores necesidades de la ordenación urbanística (falta de red de saneamiento, de pavimentación de las calles, construcciones anárquicas o sin autorizaciones, etc.) y las reglas públicas en esta región no son respetadas por ninguna de las partes, y la puesta en funcionamiento de un plan de ordenación ya existente tarda en implementarse, se puede temer lo peor para Aourir y Tamghart.
Hoy, cuando se quiere remediar la situación, es la mayor de las confusiones. El jueves, pues, y es un enésimo elemento desencadenante, las autoridades, al querer combatir la clandestinidad (construcción en firme junto al cementerio de la comuna), se enfrentaron a una rebelión en el verdadero sentido de la palabra. Un conductor de excavadora, en un intento de demolición, habría resultado gravemente herido durante los feroces enfrentamientos (lanzamiento de piedras, calles bloqueadas, quema de neumáticos, etc.) que siguieron entre las fuerzas del orden (Gendarmería y Fuerzas auxiliares) y los ciudadanos, en su mayoría jóvenes, resultando en heridos de ambos lados. Hay que decir también que últimamente, las autoridades, en referencia a las resoluciones judiciales, se han dedicado a demoler toda construcción no censada. En Aourir, se ha dejado hacer demasiado y, sobre todo, construir en la anarquía más total, de ahí una deriva hacia lo informal; incluso el litoral ha sido ocupado (varios comercios en la ladera de la montaña también). Otro factor que se suma oportunamente a la discordia: los indemnizados de los barrios de chabolas de Anza, una vez desalojados, han ocupado a su vez terrenos vacíos en Aourir, relanzando el problema con más fuerza. Así es la vida en el país más bello del mundo.
Noticias 14 Jan 2012 3 min de lectura
Lucha contra la vivienda insalubre en Aourir: Escaramuzas por unos ladrillos más…

