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05 Jun 2012
3 min de lectura
El penoso estado de una ciudad
Una ciudad debe ser a imagen de sus habitantes. Es insensato concebir una aglomeración sin que haya personas, unidas para lo mejor y para lo peor, aspirando a beneficiarse de sus derechos puesto que pagan por ello, sin derogar sus obligaciones. Los contribuyentes esperan, por este hecho, que sean correctamente servidos. El servicio y el producto que esperan deben ser de calidad. La credibilidad de los funcionarios y de los empleados, y esto, a todos los niveles, depende de los servicios que ofrecen. Estos se supone que saben, sin ninguna pretensión, que su trabajo nunca ha sido gratuito, y que el dinero percibido no viene del bolsillo de sus superiores. Son los ciudadanos quienes lo desembolsan.Por otra parte, hay que mantener también presente en el espíritu el deber de ciudadanía. ¿La sabiduría marroquí no nos ha enseñado que servir a su país es la fuente de la grandeza del buen ciudad…
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