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02 Apr 2012
5 min de lectura
¡Los animales no violan!
¿Quién ha arrancado en Larache esa membrana que nos ocultaba nuestra vergüenza a todos y a todas en este país donde la última muestra de amor no puede ser «conveniente» y legal a los ojos -vendados- de la ley y de la fe si la sangre no fluye y es expuesta como un trofeo de caza, al son de los tambores, de los «néffars» y los gritos de júbilo de las «négafates», esas primas o comparsas de las que practican la ablación a niñas pequeñas? Esta vergonzosa membrana, que nuestras frustraciones atávicas y nuestros residuos de instintos neandertales, de la era de los comedores de carne de cabra viva, ha sido inflamada por este sangriento desgarro. La violación, instinto «humano» que no conocen los animales, ha provocado, tras una larga incubación, el gesto sacrificial de una de nuestras innumerables Amina, cuyo fallecimiento por veneno para ratas tuvo, al final, como salvadora consecuencia ¡desg…
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