Con la llegada de los grandes calores, la gente huye de las ciudades del interior hacia la costa para disfrutar de la clemencia del tiempo, de los placeres del mar y del ambiente festivo de los paseos marítimos. Sin embargo, Marrakech constituye una excepción. En estos tiempos de canícula, el número de turistas, nacionales y extranjeros, no deja de aumentar. Algunos se preguntan sobre las razones de esta avalancha, a pesar de una temperatura que varía entre 40 y 48°. La respuesta es, sin embargo, sencilla. Marrakech ha sabido, a través de su historia, reconciliar tradición y modernidad, pobreza y bienestar. Si algunos presentan hoy a Marrakech como una ciudad donde solo la jet-set tiene los medios para pasar buenos momentos, se equivocan. Basta con dar una vuelta, en estos tiempos de grandes calores, por el lado de la plaza Jamaâ El Fna, el Bulevar Mohammed VI o incluso El Waha en los jardines del Agdal, para descubrir la verdadera identidad de Marrakech. La antigua generación nos cuenta con placer esas veladas extraordinarias pasadas en la avenida de Francia, hoy llamada Bulevar Mohammed VI, o incluso en la plaza Jamaâ El Fna. Pues bien, ¡nada ha cambiado! Gente venida de todas partes se dirige hoy todavía a estos lugares y descubre, con el mismo placer, esta alegría de vivir que hace la particularidad de Marrakech. Su encanto y su lugar en el imaginario de la gente, la seguridad asegurada por las fuerzas del orden, hacen y harán siempre de estos lugares en particular, y de Marrakech en general, un destino apreciado.
Noticias 16 Jul 2012 2 min de lectura
Incluso en tiempo de canícula, Marrakech no se vacía

