La ciudad de Inezgane se prepara para acoger, los días 11 y 12 de octubre, la 3ª edición del carnaval Bilmawen Bodmawen bajo el lema "Memoria e identidad al servicio del desarrollo". Se trata de una procesión rica en colores, espectáculos, símbolos, sonidos y olores que, negándose a morir, perpetúa un rito ancestral, el de una manifestación tradicionalmente vinculada a Aïd Al Adha. Bilmawen Bodmawen (literalmente el hombre de las pieles y de los múltiples rostros, en alusión a las máscaras) es el nombre de un carnaval que se ha convertido, a lo largo de sus tres ediciones, en la marca de fábrica de la prefectura de Inezgane Aït Melloul y de las localidades vecinas donde esta ceremonia popular, hecha de disfraces y galas, se celebra con alegría y alborozo. Práctica carnavalesca por excelencia, esta manifestación de evocaciones simbólicas, culturales e históricas bien arraigadas, se presenta, en muchos aspectos, como el condensado mnemónico de creencias, usos y costumbres de un tiempo que fue. Llamada según las diferentes regiones de Marruecos a veces "Boujloud", a veces "Boulabtayne", "Bouhidour", "Harma", "Bashikh" o "Souna" en el noreste marroquí, esta práctica no es ajena a otras regiones del Norte de África, especialmente a los amazighs de Argelia donde se encuentra en ciertas regiones bajo el nombre de "Baba Al Haj" o "Bouâafif" y hasta en las Islas Canarias. Es decir, la extensión de un ritual de denominaciones múltiples ciertamente, pero que sigue devolviendo inexorablemente el eco de orígenes y creencias que se remontan a la noche de los tiempos. ¿Pero en qué consiste todo este ritual en Inezgane y regiones? El procedimiento es simple. Al día siguiente de Aïd Al Adha, si no es la misma tarde, en cada callejón y barrio, los jóvenes redoblan esfuerzos para ayudarse mutuamente a confeccionar minuciosamente trajes de gala que, a veces, requieren hasta cinco pieles por individuo según la talla y la morfología de cada uno. Cada grupo prepara sus disfraces y su material y procede a la decoración y al embellecimiento de su atuendo con colores llamativos, vivos y únicos, haciendo así gala de un gran ingenio y creatividad donde lo burlesco disputa el protagonismo a lo real y donde la modernidad y la tradición conviven sin hacerse daño. De memoria, se cuenta que las festividades se desarrollaban con los sonidos de los gritos de alegría y asombro de los niños y las mujeres que intentan tocar los cascos de las patas colgantes utilizados por los miembros de la tropa. Cada noche, y durante varios días, los participantes en el desfile, enmascarados y disfrazados, se reunían en "Assays", la gran plaza, donde proponen presentaciones folclóricas hechas de cantos y danzas al ritmo de músicas tradicionales y populares hasta una hora tardía de la noche.
Empresa 02 Oct 2014 3 min de lectura
“Boujloud”, un rito que se niega a morir

